Hijos de la Luna

27.7.14

Se cuenta que antes que se originara el amor, en el mundo dominaban unos seres humanos se componían de dos cuerpos pegados en la espalda, ellos tenían dos cabezas, cuatro brazos, cuatro piernas y dos genitales, por lo existían tres sexos.
  • Los hijos del sol: que eran lo más viriles y masculinos, pues eran dos hombres en uno solo.
  • Las hijas de la tierra: las más femeninas y más fecundas, pues se componían de dos mujeres en una sola.
  • Los hijos de la luna: lo andrógino, lo ambiguo, se componían de un hombre y una mujer unidos en un solo ser.
Estos seres que desafiaban a los dioses, fueron cortados a la mitad y condenados a caminar en dos piernas y pensar con una sola cabeza, desplazados de su otra mitad por grandes distancias. Castigados a encontrarse los unos a los otros por toda la eternidad, y al encontrar su mitad surgiría la necesidad de volver a unirse, volver a formar ese único ser.
Se nace como homenaje de aquel tercer sexo perdido, el que representa la ambigüedad, nacemos sin condiciones determinantes del sexo y a medida que nos sociabilizamos aprehendemos conductas que determinan el género; romper con la línea de lo femenino/masculino no debería ser transgresor, sino natural, pues nacemos para la ambigüedad.
El culto al cuerpo es tal vez hoy en día una de las situaciones más actuales, pues el cuerpo constantemente es atacado de imágenes de cómo debe de verse, constantemente se recibe cuadros de que sería el cuerpo ideal, que partes de cuerpo debemos tachar, borrar, corregir, modificar, alterar. La sexualidad y la estética por género no es ajena, como también es la forma más polémica y agresiva de alteración corporal, pero forma parte de un todo, de un global de la construcción que nos forman desde el día que nacemos hasta que morimos.
Liberarse, ser naturales, romper con esa línea para alcanzar el más puro éxtasis, son las pautas para poder sentir el cuerpo como nuestro y no como una propiedad de adoración pública a la que debemos santiguar.

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